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Los trastornos mentales y afectivos Los trastornos de la personalidad Los trastornos del estado de ánimo
Los trastornos mentales y afectivos El mundo de la enfermedad mental y los trastornos emocionales es uno de los grandes desconocidos tanto dentro de la sociedad en general como dentro de la comunidad médica y psiquiátrica. Aunque en las últimas décadas ha habido un avance importante en el conocimiento de los factores tanto médicos como sociales de la enfermedad, el camino que queda por recorrer aún es largo ya que la falta de información sobre estos trastornos todavía continúa generando la dificultad de acabar con la lacra de los mitos y prejuicios que llevan a la estigmatización de este colectivo de personas y, como consecuencia, a una disminución de su calidad de vida. Teniendo en cuenta que alrededor de un 20% de la población padece algún tipo de trastorno mental o afectivo, existe una necesidad clara de abordar este problema desde el estudio, el análisis y la reflexión, en vista a ofrecer a la sociedad una visión adecuada y objetiva de lo que supone el padecimiento de una enfermedad de estas características. Sólo así superaremos esa visión superficial que nos llevan transmitiendo desde hace décadas a través de los medios de comunicación y a través de la narración de sucesos desde el punto de vista de la desinformación y la ignorancia. La enfermedad mental es un término muy amplio y muy complejo que abarca diferentes trastornos en los cuales se ve afectada la conducta, la afectividad y la comunicación con el resto del mundo. Los diferentes trastornos tienen en común el hecho de que son enfermedades en las que el órgano que se ve afectado es el cerebro, con lo que sus funciones básicas, tan importantes a la hora de sobrellevar nuestra vida cotidiana, se ven igualmente afectadas. Esto es, existe un trastorno de la percepción, del pensamiento, de la afectividad y el humor y de la conducta, impidiendo a la persona que lo padece continuar con su vida diaria de una forma normalizada durante períodos de su vida. Clasificar a las personas según trastornos es una práctica que puede acarrear algunos problemas de tipo ético y social pero es necesario acudir a una clasificación concreta para poder abarcar y entender la complejidad de ese gran saco que llamamos enfermedad mental. Así, a título informativo, disitnguimos cuatro grandes tipos de trastornos mentales: los trastornos psicóticos, los trastornos de la personalidad, los trastornos del estado de ánimo y los trastornos de ansiedad. Veamos cada uno de ellos más detalladamente: Los trastornos psicóticos Clásicamente se consideran psicosis todos los trastornos mentales en los que la pérdida de contacto con la realidad es muy llamativa (por ejemplo, en casos en los que el paciente no distingue en absoluto entre la realidad y su fantasía, o entre sus miedos internos y las amenazas reales, etc.). En sentido estricto, la pérdida de contacto con la realidad se da en distinto grado en muchos trastornos psiquiátricos, incluidas las neurosis graves, pero en los trastornos psicóticos éste síntoma es más característico. Las psicosis cursan con mucha frecuencia con delirios (pensamientos ilógicos, con frecuencia muy extravagantes y sin base real, que no están basados en una creencia cultural compartida y que no se pueden rebatir mediante argumentación lógica) y con alucinaciones (percepciones sin estímulo real como voces, visiones, etc.). Las alucinaciones y los delirios pueden verse en cuadros de depresión psicótica, o manía delirante en el trastorno bipolar, en intoxicaciones por drogas estimulantes o alucinógenas, como efecto secundario de algunos fármacos, en el seno de algunas enfermedades médicas (neurológicas, reumatológicas, etc.) y, de una manera muy característica, en los trastornos que se exponen en este apartado. El trastorno psicótico más conocido es la esquizofrenia. Esquizofrenia La esquizofrenia es una enfermedad del sistema nervioso central que suele comenzar entre los 20 y los 30 años de edad. Su causa no se conoce de manera completa todavía pero se sabe de la importancia de los factores genéticos y otros que afectan al desarrollo del tejido nervioso. El curso crónico y deteriorante de esta enfermedad afecta seriamente el curso vital de pacientes desde su juventud y frustra muchas veces las expectativas fundamentales del ser humano que la padece. Cuando, fuera de los episodios agudos, los pacientes son conscientes de la enfermedad que padecen, no es raro que se depriman. Los síntomas de la esquizofrenia se clasifican en positivos y negativos. Se denominan síntomas positivos a las alteraciones psicopatológicas que no existían antes de la enfermedad (básicamente las alucinaciones y los delirios). Las síntomas positivos de los pacientes esquizofrénicos son principalmente: • Alucinaciones: pueden ser voces que comentan los actos del individuo, o que le recriminan u ordenan hacer cosas, aunque ocasionalmente pueden hacer comentarios agradables, contar chistes, etc. No son raras tampoco las alucinaciones referidas a sensaciones del propio cuerpo, como por ejemplo sensación de tener “microchips”, cables que le recorren el cuerpo o insectos que se pasean por su cuerpo. Las alucinaciones visuales, y más todavía, las olfativas o las gustativas son raras en la esquizofrenia. Este tipo de alucinaciones son más frecuentes en psicosis asociadas a enfermedades neurológicas como tumores cerebrales, etc. • Delirios: los más frecuentes en la esquizofrenia son los de persecución y perjuicio: el paciente se siente perseguido o bien cree firmemente que todo el mundo está en contra de él. Existen delirios con otros contenidos: místico-religioso, genealógico, etc. Aunque se ha dicho ya que los delirios son creencias erróneas que no pueden ser rebatidas por la argumentación, en realidad, tienen su propia lógica no compartida con la de los demás. De esta forma el paciente psicótico puede encontrar la certeza de que los extraterrestres le persiguen en un hecho banal para los demás como cruzarse con un coche blanco en la calle. A este fenómeno se le llama percepciones delirantes e interpretaciones delirantes. • Autorreferencialidad: consiste en considerar que todo lo que sucede alrededor se refiere a uno.
Se denominan síntomas negativos o defectuales a ciertas secuelas de la
enfermedad: pérdida de habilidades sociales, falta de interés, incapacidad para
experimentar placer, incapacidad para expresar emociones, pensamiento y lenguaje
empobrecidos (se hacen simples, concretos y circunstanciales –en las palabras o
frases– y, en los casos más graves o evolucionados, el pensamiento y el lenguaje
se desorganizan hasta la incoherencia). Los síntomas negativos suelen ser los
que más deterioran al paciente y los más difíciles de tratar. La investigación
de muchos nuevos fármacos para la esquizofrenia tiene hoy como objetivo
principal el alivio de estos síntomas negativos que son todavía un reto para el
que no hay una solución farmacológica suficientemente satisfactoria. Clásicamente se describen varias formas de esquizofrenia: • Esquizofrenia paranoide: suele cursar con más síntomas positivos que negativos, suele responder mejor al tratamiento farmacológico que otras formas y deteriorar menos a los pacientes. • Esquizofrenia hebefrénica: suele cursar con menos síntomas positivos y más negativos y responder peor al tratamiento farmacológico. • Esquizofrenia catatónica: en la cual los principales síntomas son motores. Hoy es una forma pura rara. En la práctica muchas esquizofrenias tienen formas mixtas. La esquizofrenia tiene un curso y un pronóstico variable según diversos factores pero es siempre una enfermedad crónica y deteriorante en algún grado. Después de cada episodio (o “brote”) de la enfermedad el paciente puede no alcanzar el nivel de funcionamiento previo y sentirse cada vez peor. El tratamiento de la esquizofrenia se prolonga años. Si aparecen recaídas frecuentes puede ser necesario de modo ininterrumpido. Hoy hay evidencia científica de que la combinación de tratamiento farmacológico (basado principalmente en unos medicamentos llamados neurolépticos) y psicosocial en la esquizofrenia mejora el pronóstico y el nivel de funcionamiento del paciente. Como muchos pacientes con esquizofrenia no son capaces de darse cuenta de su enfermedad resulta imprescindible que se informen y conciencien al respecto. Trastorno esquizofreniforme Es aquel que se da en pacientes con síntomas de esquizofrenia pero durante menos de seis meses de evolución. Muchos pacientes esquizofrénicos pueden haber tenido por esto el diagnóstico previo de trastorno esquizofreniforme. Trastornos delirantes Hay varios tipos de trastornos delirantes según su contenido, la duración y el curso de la enfermedad. Todos ellos se caracterizan por el protagonismo del delirio casi en ausencia de otros síntomas psicóticos, ni de los síntomas negativos que se han descrito en el apartado de la esquizofrenia. El delirio suele referirse a un solo tema concreto y no puede rebatirse mediante argumentación lógica. Por lo general, el paciente se resiste a recibir tratamiento. No es raro que después de varias tentativas de tratamiento, el paciente tienda a ocultar un delirio que persiste con repercusión específica sobre un área de la vida de paciente (la afectada por el delirio) pero respetando relativamente otras áreas. Trastorno psicótico breve Es un trastorno psicótico que puede parecerse, por los síntomas, a la esquizofrenia paranoide, pero que dura unos días. Desaparece sin secuelas y puede no volver a presentarse nunca más. Suele tener un desencadenante concreto (una época de mayor estrés, cambios en la vida habitual, el nacimiento de un hijo, etc.) y mejor pronóstico que otros trastornos psicóticos. Trastorno esquizoafectivo Se trata de un trastorno que comparte características de la esquizofrenia y del trastorno bipolar y suele tener, también, un pronóstico intermedio entre los dos. Trastorno psicótico compartido (“folie à deux”) Es un trastorno psicótico raro, en el que dos personas comparten los mismos delirios y alucinaciones. En general una de las dos personas tiene un trastorno psicótico, y la otra es una personalidad dependiente que mantiene una relación muy estrecha con el paciente psicótico.
Los trastornos de la personalidad Suelen tener su inicio en la adolescencia o principios de la edad adulta. Suelen ser estables en el tiempo y comportan malestar o perjuicio para el sujeto.
Los trastornos de la personalidad se
caracterizan por patrones de percepción, reacción y relación que son
relativamente fijos, inflexibles y socialmente desadaptados, incluyendo una
variedad de situaciones. Para entender mejor lo que significa esta idea pensemos
que todos y cada uno de nosotros tenemos unos patrones característicos de
relación con otras personas y de percpeción de las situaciones a las que hemos
de hacer frente. Las personas tendemos a enfrentarnos a las situaciones
estresantes con un estilo individual pero repetitivo. Algunas personas solemos
afrontar los problemas buscando la ayuda de otros; otros, en cambio, asumimos
que nos valemos por nosotro/as mismos/as para solucionar nuestros problemas;
algunas personas minimizamos los problemas y otras, por el contrario, solemos
hacer una montaña de un grano de arena. Cada uno respondemos de forma muy
distinta a los estímulos ambientales que afrontamos día a día, pero aunque todos
solemos actuar de una misma manera según las distintas situaciones, cuando
probamos a enfrentarnos de una manera concreta y ésta resulta ineficaz, lo que
hacemos es buscar otros caminos alternativos más adaptativos y adecuados. Las
personas que padecen un trastorno de personalidad suelen afrontar los problemas
con más rigidez lo que les lleva muchas veces a no poder adaptarse a la realidad
concreta a las que se están enfrentando siendo sus conductas poco operativas y
desadaptadas. Este patrón de respuesta los hace especialmente vulnerables en sus
relaciones sociales e interpersonales. Dentro de los trastornos de personalidad
existen diferentes trastornos con unas características propias: Trastrono de personalidad paranoide Las personas con una personalidad paranoide proyectan sus propios conflictos y hostilidades hacia otros. Son generalmente frías y distantes en sus relaciones. Tienden a encontrar intenciones hostiles y malévolas detrás de los actos triviales, inocentes o incluso positivos de otras personas y reaccionan con suspicacia a los cambios en las situaciones. A menudo, las suspicacias conducen a conductas agresivas o al rechazo por parte de los demás (resultados que parecen justificar sus sentimientos originales). Trastrono de personalidad esquizoide Las personas con una personalidad esquizoide son introvertidas, ensimismadas y solitarias. Son emocionalmente frías y socialmente distantes. A menudo están absortas en sus propios pensamientos y sentimientos y son temerosas de la aproximación e intimidad con otros. Hablan poco, son dadas a soñar despiertas y prefieren la especulación teórica a la acción práctica. La fantasía es un modo frecuente de enfrentarse a la realidad. Trastrono de personalidad esquizotípica Las personas con una personalidad esquizotípica, al igual que aquellas con una personalidad esquizoide, se encuentran social y emocionalmente aisladas. Además desarrollan pensamientos, percepciones y comunicaciones insólitas. Aunque estas rarezas son similares a las de las personas con esquizofrenia, y aunque la personalidad esquizotípica se encuentra a veces en la gente con esquizofrenia antes de que desarrollen la enfermedad, la mayoría de los adultos con una personalidad esquizotípica no desarrolla esquizofrenia. Algunas personas muestran signos de pensamiento mágico (la idea de que una acción particular puede controlar algo que no tiene ninguna con ella). La gente con una enfermedad esquizotípica puede tener también ideas paranoides. Trastorno de personalidad histriónica Las personas con una personalidad histriónica (histérica) buscan de un modo notable llamar la atención y se comportan teatralmente. Sus maneras vivamente expresivas tienen como resultado el establecer relaciones con facilidad pero de un modo superficial. Las emociones a menudo aparecen exageradas, infantilizadas e ideadas para provocar la simpatía o la atención de los otros. La persona con personalidad histriónica es proclive a sexualizar las relaciones no sexuales. También suele ser hipocondríaca y exagera sus problemas físicos para conseguir la atención que necesitan. Trastorno de personalidad narcisista Las personas con una personalidad narcisista tienen un sentido de superioridad y una creencia exagerada de su propio valor o importancia. La persona con este tipo de personalidad puede ser extremadamente sensible al fracaso, a la derrota o a la crítica y, cuando se le enfrenta a un fracaso para comprobar la alta opinión de sí mismos, pueden ponerse fácilmente rabiosos o gravemente deprimidos. Sienten que merecen que sus necesidades sean satisfechas sin demora y por ello explotan a otros, cuyas necesidades o creencias son consideradas menos importantes. Su comportamiento es a menudo ofensivo para otros, que les encuentran egocéntricos, arrogantes o mezquinos. Trastorno de personalidad antisocial Las personas con personalidad antisocial muestran un desprecio insensible por los derechos y los sentimientos de los demás. Explotan a otros para obtener beneficio material o gratificación personal. Toleran mal la frustración y, en ocasiones, son hostiles o violentas. A pesar de los problemas o el daño que causan a otros con su comportamiento, no suelen sentir remordimientos o culpabilidad. Al contrario, racionalizan cínicamente su comportamiento o culpan a los otros. Suelen engañar a las personas que se relacionan con ellos y la frustración y el castigo raramente les ocasionan la modificación de sus conductas. Trastorno de personalidad límite Las personas con una personalidad límite, la mayor parte de las cuales son mujeres, son inestables en la percepción de su propia imagen, en su humor, en su comportamiento y en sus relaciones interpersonales (que a menudo son tormentosas e intensas). La personalidad límite se hace evidente al principio de la edad adulta pero la prevalencia disminuye con la edad. Cuando las personas con una personalidad límite se sienten cuidadas, se muestran solitarias y desvalidas. Sin embargo, cuando temen el abandono de la persona que las cuida, su humor cambia radicalmente. Con frecuencia muestran una cólera inapropiada e intensa, acompañada por cambios extremos en su visión del mundo, de sí mismas y de las otras personas. Estas personas son vistas a menudo por los médicos de atención primaria ya que tienden a visitar con frecuencia al médico por crisis repetidas o quejas difusas pero no cumplen con las recomendaciones del tratamiento. Trastorno de personalidad evitadora La gente con una personalidad evitadora es hipersensible al rechazo y teme comenzar relaciones o alguna otra cosa nueva por la posibilidad de rechazo o de decepción. Estas personas tienen un fuerte deseo de recibir afecto y de ser aceptadas. Sufren abiertamente por su aislamiento y falta de habilidad para relacionarse cómodamente con los otros. A diferencia de aquellas con una personalidad límite, las personas con una personalidad evitadora no responden con cólera al rechazo; en vez de eso, se presentan tímidas y retraídas. El trastorno de personalidad evitadora es similar a la fobia social. Trastorno de personalidad dependiente Las personas con una personalidad dependiente transfieren las decisiones importantes y las responsabilidades a otros y permiten que las necesidades de aquellos de quienes dependen se antepongan a las propias. No tienen confianza en sí mismas y manifiestan una intensa inseguridad. A menudo se quejan de que no pueden tomar decisiones y de que no saben qué hacer o cómo hacerlo. Son reacias a expresar opiniones, aunque las tengan, porque temen ofender a la gente que necesitan. Las personas con otros trastornos de personalidad frecuentemente presentan aspectos de la personalidad dependiente, pero estos signos quedan generalmente encubiertos por la predominancia del otro trastorno. Algunos adultos con enfermedades prolongadas desarrollan personalidades dependientes. Trastorno de personalidad obsesivo-compulsiva Las personas con personalidad obsesivo-compulsiva son formales, fiables, ordenadas y metódicas pero a menudo no pueden adaptarse a los cambios. Son cautos y analizan todos los aspectos de un problema, lo que dificulta la toma de decisiones. Aunque estos signos están en consonancia con los estándares culturales de occidente, los individuos con una personalidad obsesivo-compulsiva toman sus responsabilidades con tanta seriedad que no toleran los errores y prestan tanta atención a los detalles que no pueden llegar a completar sus tareas. Consecuentemente, estas personas pueden entretenerse en los medios para realizar una tarea y olvidar su objetivo. Sus responsabilidades les crean ansiedad y raramente encuentran satisfacción con sus logros. Trastorno de personalidad pasiva-agresiva Los comportamientos de una persona con una personalidad pasiva-agresiva (negativista) tienen como objetivo encubierto controlar o castigar a otros. El comportamiento pasivo-agresivo es con frecuencia expresado como demora, ineficiencia y malhumor. A menudo, los individuos con una personalidad pasiva-agresiva aceptan realizar tareas que en realidad no desean hacer y luego proceden a minar sutilmente la finalización de esas tareas. Ese comportamiento generalmente sirve para expresar una hostilidad oculta. Los trastornos del estado de ánimo Tienen como principal característica las alteraciones del humor acompañadas de una disfunción psicomotriz y síntomas vegetativos. Actualmente, en el diagnóstico de este tipo de trastornos se hace énfasis en la depresión y la exaltación como elementos nucleares del humor. Dentro de este gran grupo encontramos trastornos como: Trastorno depresivo mayor Es un trastrono que se caracteriza por una tristeza prolongada, irritabilidad, enojo, preocupación, agitación y ansiedad, pesimismo e indiferencia, pérdida de la energía y letargo persistente, sentimientos de culpa, baja atoestima, aislamiento social y otros. A pesar de que es normal que las personas experimenten altos y bajos en sus estados de ánimo a lo largo de sus vidas, aquellos que sufren depresión clínica experimentan síntomas específicos a diario durante dos semanas o más, lo cual les dificulta hacer su trabajo, ir a la escuela o mantener relaciones con otras personas. Trastorno bipolar El trastorno bipolar se diferencia considerablemente de la depresión clínica, aunque los síntomas de la fase depresiva de la enfermedad son similares. La mayoría de las personas que padecen de desorden bipolar dicen sentir "altibajos”; los altos son períodos de manía, los bajos son períodos de depresión. Estas alteraciones pueden ser serias, variando de energía extrema a desesperación profunda. La severidad de los cambios de estado de ánimo y la forma como interfieren en las actividades de la vida normal, diferencian los episodios de estado de ánimo bipolar de los cambios normales de estado ánimo. En este tipo de trastrono aparecen los síntomas antes descritos en el apartado de trastrono depresivo mayor en los periodos de depresión, mientras que en los periodos de manía, los síntomas son muy diferentes: incremento de la actividad física, mental y la energía, estado de ánimo muy entusiasta, optimismo exagerado y confianza en sí mismo, delirios de grandeza, impulsividad y distracción, entre otros.
Los trastornos de ansiedad Podemos definir las respuestas de ansiedad como reacciones defensivas e instantáneas ante el peligro. Estas respuestas, ante situaciones que comprometen la seguridad del sujeto, son adaptativas para la especie humana. Significa esto que ejercen una función protectora de los seres humanos. Así pues, los mecanismos psicofisiológicos humanos que preparan para la huída o la lucha (respuestas de ansiedad) han cumplido un eficaz papel a lo largo de la evolución. Actualmente los estímulos potencialmente amenazantes son muy diferentes a los que en un origen debía enfrentarse el ser humano. Abundantes agentes estresantes le rodean y le acompañan a lo largo de su existencia, haciendo que el fantasma del peligro le aceche detrás de cualquier situación inofensiva. Tal cual lo define el catedrático de Terapia de Conducta del País Vasco Enrique Echeburúa (prólogo de Avances para el Tratamiento sicológico de los Trastornos de Ansiedad PIRÁMIDE 96), para ilustrar con un magnífico ejemplo cómo funciona el mecanismo de la ansiedad: "En el caso de los trastornos de ansiedad, la respuesta de miedo funciona como un dispositivo antirrobo defectuoso, que se activa y previene de un peligro inexistente.” En general, entre los síntomas de los trastornos de aniedad, se observan: inseguiridad, miedo o temor, pensamientos negativos de incapacidad o inferioirdad, anticipación del peligro, dificultad de concentración, dificultad en al toma de decisiones, hiperactividad o paralización motora, dificultades en la expresión verbal, conductas de evitación, palpitaciones, ahogo, vómitos, náuseas, temblores, sequedad de boca, sudoración excesiva, mareos... Los trastornos de ansiedad se clasifican en: Trastorno de ansiedad generalizadaEl Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) es mucho más de lo que una persona normal con ansiedad experimenta en su vida diaria. Son preocupación y tensión crónicas aún cuando nada parece provocarlas. Las personas que padecen este trastorno anticipan siempre un desastre, frecuentemente preocupándose excesivamente por la salud, el dinero, la familia o el trabajo. Sin embargo, a veces, la raíz de la preocupación es difícil de localizar. El simple hecho de pensar en pasar el día provoca ansiedad. Las personas con TAG pueden presentar sentimientos de tristeza, apatía o desesperanza, cambios en el apetito o en el sueño así como la dificultad en concentrarse que frecuentemente caracterizan a la depresión. Sus preocupaciones van acompañadas de síntomas físicos, especialmente temblores, contracciones nerviosas, tensión muscular, dolores de cabeza, irritabilidad, transpiración o accesos de calor. Pueden sentirse mareadas o que es falta el aire. Pueden sentir náusea o que tienen que ir al baño frecuentemente. O pueden sentir como si tuvieran un nudo en la garganta. Trastorno de pánico
Quienes padecen de trastornos de pánico
experimentan sensaciones de horror que les llegan repentina y repetidamente sin
previo aviso. No pueden anticipar cuando les va a ocurrir un ataque y muchas
personas pueden manifestar ansiedad intensa entre ellos al preocuparse de cuándo
y dónde es llegará el siguiente. Existe una continua preocupación de que en
cualquier momento se va a presentar otro ataque. Las vidas de algunas personas
han llegado a hacerse muy restringidas porque evitan actividades diarias
normales como ir al mercado, conducir un coche o, en algunos casos hasta salir
de su casa. O bien, pueden llegar a confrontar una situación que les causa miedo
siempre y cuando vayan acompañadas de otra persona que les merezca confianza.
Básicamente, evitan cualquier situación que les pueda hacer sentir indefensas si
ocurre un ataque de pánico. Fobias Las fobias no son únicamente miedo extremo, son miedo irracional. Existen varios tipos de fobias:
• Fobias específicas
• Fobia Social
• Agorafobia Trastorno obsesivo -compulsivo El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) es un trastorno caracterizado por presentar pensamientos o rituales de ansiedad incontrolables. Las personas que padecen de TOC suelen tener pensamientos o imágenes persistentes indeseables o la necesidad urgente de celebrar ciertos "ritos" como lavarse las manos repetidamente, revisar que le gas está apagado repetidas veces... Los pensamientos o las imágenes preocupantes se llaman obsesiones, los rituales que se celebran para tratar de prevenirlas o disiparlas se llaman impulsos. No es placentero celebrar estos "ritos" ya que la persona se siente obligada a hacerlo, pero el realizarlos le proporciona un descanso temporal de la incomodidad causada por la obsesión. Trastorno postraumático por tensión El trastorno postraumático por tensión (TPT) es una condición debilitante que sigue a un evento de terror. Frecuentemente, las personas que sufren de TPT tienen persistentemente recuerdos y pensamientos espantosos de su experiencia y se sienten emocionalmente paralizadas. El evento que desata este trastorno puede ser algo que amenace la vida de esa persona o la vida de alguien cercano a ella o bien puede ser algo que vio. Cualquiera que sea la razón del problema, algunas personas con TPT repetidamente vuelven a vivir el trauma en forma de pesadillas y recuerdos inquietantes durante el día. Pueden también experimentar problemas de sueño, depresión, sensación de indiferencia o de entumecimiento o se sobresaltan fácilmente. Pueden perder el interés en cosas que antes les causaban alegría y les cuesta trabajo sentir afecto. Es posible que se sientan irritables, más agresivas que antes o hasta violentas. El ver cosas que les recuerdan el incidente puede ser molesto, lo que podría hacerles evitar ciertos lugares o situaciones que les traigan a la mente esos recuerdos.
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Feafes CV (Federación de Asociaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental de la Comunidad Valenciana) Última actualización: 01 de febrero de 2008. |